domingo, 10 de enero de 2010

Bien Emilio.... Gracias flaquito...


Los afiches pegados en las paredes rezaban algo así como "AQUENEBBIA Y LITTO NELARRE - Estadios (canchas)de MORON y QUILMES, febrero de 1975".
Y allá fuimos, a Morón: Pipo, Julio, Dordal y mi amigo más viejo o el más viejo de mis amigos.
Era la segunda o tercera vez que íbamos a ver a Aquelarre, lo que viene a cuento es lo que sucedió en el intermedio del "recital" (perdón hoy se diría concierto) entre conjunto y conjunto (hoy léase "banda"): al bajar los tablones de la tribuna y rumbear hacia el baño o el bufet ¿con quién nos cruzamos, cara a cara? Con ¡¡¡ CARLOS EMILIO DEL GÜERCIO !!!.
Entre la emoción y el estremecimiento solo atiné a estirar mi mano y decirle:
"Bien Emilio ...", a cuyo gesto y locuacidad respondió con un "Gracias flaquito ...".
Y si, así son las histrorias que viví con mi amigo más viejo o el más viejo de mis amigos.
Hasta la próxima, en que encuentre otra de éstas, les dejo la transcripción de la nota "PACIFICAS NOCHES" publicada en la "Revista PELO" Nº 58:

El Litto Nebbia Trio y Aquelarre decidieron formar una tesonera combinación: ellos mismos son los productores, publicistas, programadores y actores de una serie de minifestivales que se caracterizan por su clima de bonanza, la buena música, la seriedad y por el hecho de estar contenidos en un marco distinto las canchas de fútbol. Pero en su clima misterioso y espectral que toman ésos ámbitos durante la noche. Nosotros estuvimos en Quilmes.
En la cancha de uno de los clubes de fútbol más viejos de la Argentina. Un estádio pequeiño y viejo. Todo madera y alambres. Esos alarnbres contenedores de violencias. Parecían ridículos, cómicos, ante la mansas sombras que se deslizaban para encontrar, sin estridencias, su lugar en las gradas. Detrás del alambre,sobre el césped de la cancha, un precario escenario. Pequerño e insuficiente: todos los equipos juntos, las luces apiñadas. No había grandilocuencia en eso. Y la presencia grandilocuente (que tienen todas las canchas de fútbol) se había vuelto íntirna con las lucea tímnidas y dirigidas que iluminaban de rojas, azules y verdes el rectángulo mágico. Y por supuesto había demora. Nadie protestaba. Algunos lo hacían con cantos tipo "oba oba, planck - planck , pero eso es sólo rock and roll. El sector de las plateas, finalmente, quedó cubierto, en penurnbra se adivinaban más de quinientas personas.Los cuatro Aquelarres aparecieron desde la boca del tunel. Como en el fútbol hubo una ovación, mezcla de expectación y suspiro por el fin de la espera. Subieron. Era raro verlos recorrer ese camino. Era también lindo. Litto Nebbia subió detras de ellos. Estaba tranquilo, serio. Ni animoso ni demagógico. Había rondado el escenario entre la sombra y la luz, mirando sin controlar, los avatares del armado, la sonorización y esas cosas.

El subió para deeir qué era eso. Esa unión Aquelarrenebbia. Para todos fue casi obvio que él lo explicara. "Libbio Netta se sabe todo, loco", alguien lo dijo por ahi. Y contó que era una experiencia nueva, que unos días se había frustrado en Morón a causa de la lluvia, y que después pensaban llevar lo mismo al interior. Dijo otras cosas más y el silencio era grande. Aquelarre estaba listo. Litto terminó, hubo aplausos mesurados. Y explotó "Canto": primer album de Aquelarre, riff en "tutti".

Del Guercio y Starc agitando sus banderas. Nueva ovaci6n ante el reconocimiento. Los ansiosos comenzaron a estremecerse en frío. Una hora y media demanrdó la revisión de gran parte del repertorio Aqelarre, temas de todos los álbumes (las pertenecientes a los dos primeros, más aplaudidos). Los juegos de luces eran elementales, pero justos. No había super espectáculo. Sób lo necesario para los clirnas. Todas las luces de la cancha estaban apagadas. Nadie se movía. Los pocos que circulaban iban hasta un pequeño puesto de hamburguesas. Todo en sliencio.

El humo que despedían se mezclaba, por momentos, con las luce escenario. No seria un gran efecta estilo Pink Floy, pero al menos olía bien. Si: la cosa era en familiar, especie de B. A. Rock de entrecasa. Aquelarre no estaba exponiendo su música. No era un recital. Y los que estaban no estaban escuchando para opinar. Simplemente había que cornpartir la noche. 5 horas de hamburguesas, musica y paz. No es válido, entonces, que nos pongamos el disfraz de críticos y digamos que fulano estuvo desafinado o que el sonido era cuqui-riki. Al promediar hubo otra buena ovación. Tipo cumpleaños, por la cantidad de gente, pero emocionante al fin: todos reconocimos "Violencia en el Parque".

Despues hubo chistes con boleros y musica tropical. Buen goce. Sabrosos. Llegó el paréntesis. No hubo "otra-otra" cuando se retiro Aquelarre: las manifestaciones de entusiasmo estaban de más y todos sabían cómo era el planteo. El grupo ya habia hecho lo suyo y todos estaban satisfechos. Aunque ya con frio. La noche se hacía cada vez más silenciosa. Y eso se notana a pesar de los soplidos de Milles Davis que salian por los equipos de amplificación mientras duraba el bache para el recambio de bateria y algunas conexiones. El puesto de hamburguesas tuvo clientes de golpe. Y hubo murmullos. Algunos juegos, y comentarios. Madrugada del sabado 22 de febrero de 1975. Quinientos cuerpos algo ateridos estaban allí, casi ocultos en una cancha de futbol, bien al sur del mar de la gran ciudad, escuchando su ceremonia, viviendo su rito. Sin ninguna fantasía, apenas como un ejercio de vivir. Parecia que allí transcurría la vida y en ese silencio de la ciudad, el espectáculo.

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